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Propuestas para enseñar idiomas en el siglo XXI

Interculturalidad y diversidad lingüística:
Estudio de las actitudes lingüísticas en Asturias y sus implicaciones didácticas
Julián Pascual Díez
Marta Mori de Arriba
Xosé Antón González Riaño
Aquilina Fueyo Gutiérrez
José Luis Atienza Merino

Oviedo: KRK. 2003

Paquita Suárez-Coalla
Borough of Manhattan Community College


En más de una ocasión nos habremos preguntado todos aquellos que nos ha tocado dedicarnos a la enseñanza de lenguas cuál es la fórmula mágica para estimular suficientemente a nuestros estudiantes y hacerlos manejar, sin demasiado temor, unos códigos que en principio les son ajenos. Es obvio que las respuestas al respecto varían, y me imagino que cada uno de nosotros hemos ido adoptando perspectivas diferentes, o al menos complementarias, de acuerdo a las particularidades de nuestras experiencias. Es verdad que en la mayoría de los países, y España no es ninguna excepción, la enseñanza de lenguas es un fenómeno bastante reciente, a cuyo aprendizaje contribuyen una serie de factores que se extienden más allá del aula. Pero si el estudio de idiomas se puede considerar algo nuevo, la didáctica sobre la enseñanza de éstos, y la reflexión acerca de las diferentes metodologías, sí es algo que no tiene, posiblemente, más de dos décadas y que ha merecido de todos modos una atención especial en los últimos años.

Interculturalidad y diversidad lingüística... no es un libro de didáctica de las lenguas al uso, sino primeramente una reflexión y un estudio documentado sobre las actitudes diversas que se pueden adoptar ante una determinada lengua, incluyendo la lengua propia, y las implicaciones que esa actitud o actitudes van a tener en el aprendizaje de la misma. Lógicamente, hay un interés claro en este estudio de proporcionar líneas de actuación más efectivas, en lo referente a la enseñanza de idiomas, desde una perspectiva distinta a las tradicionales.

El trabajo de campo de esta investigación, llevado a cabo por un grupo de profesores de la Universidad de Oviedo, se centra en la comunidad asturiana y va revisando la actitud de cien personas ante el asturiano, el castellano, el inglés y el francés. Aunque existe diversidad en lo que respecta al origen, edad, sexo y preparación académica de los informantes hay un predominio elevado de informantes asturianos, con una media de 38 años de edad y con carreras universitarias, preferentemente de humanidades. En cuanto a la evaluación de las distintas actitudes de estos informantes se ha hecho atendiendo a argumentos de carácter lingüístico, cultural, sociológico, de derecho, económico, afectivo, etnocéntrico y político.

Dada mi experiencia como profesora de español en la Universidad pública de Nueva York, en la que un buen número de estudiantes son hijos de emigrantes hispanos, no me ha sorprendido en absoluto confirmar la enorme importancia que los elementos afectivos tienen en el aprendizaje de idiomas, independientemente además de que las personas sean o no educadas y sin ignorar, por supuesto, los elementos restantes que también cuentan a la hora de tomar decisiones o posturas con respecto a las lenguas. Aunque muchos de estos elementos pudieran parecer irracionales en ciertos casos, no deben despreciarse al considerar las metodologías de enseñanza de lenguas dado el papel significativo que desempeñan en lo que respecta a la motivación, o a la falta de la misma, para estudiarlas. Los aspectos afectivos, respaldados normalmente por falsas concepciones lingüísticas o políticas, llevan a veces a conclusiones tan pasionales –peligrosamente pasionales– como decir (en el caso particular de esta investigación) que el castellano “es una lengua antipática, de entonación desagradable” y que “es el latín peor oído, entendido y reproducido de todas las lenguas romances” (p. 72), llegando al extremo de asegurar “que el castellano en Asturias debería “desaparecer” y dejar que el asturiano vuelva a ser la lengua de Asturias”. (75). Argumentos que están en la misma línea de quienes sienten rechazo hacia el asturiano porque “No me agrada su fonética”, o de quienes afirman, como si de verdades absolutas se trataran, que el inglés “es un idioma muy feo y difícil” (133) y “el francés una lengua cálida, sonora [y] radiante [...] en la que se expresaron pensamientos y aportaciones de gran transcedencia para la Humanidad”. (134)

Si la mayor parte de estos aspectos siguen siendo ignorados en los diferentes métodos de enseñanza de lenguas ?centrados más que nada en la descripción de una serie de reglas gramaticales y en el uso de las mismas para crear mensajes? me imagino que se debe a las dificultades prácticas que supondría incluir en nuestros programas toda una serie de criterios que, en principio, pudieran parecer extralingüísticos, y a la falta de preparación de buena parte del profesorado. De todos modos, hacer el esfuerzo por tenerlos en cuenta, como se propone en este libro, e irlos incorporando de alguna forma en nuestras clases podría ser el comienzo de un mayor éxito con nuestros alumnos, o al menos de una experiencia pedagógica más enriquecedora para todos.

La novedad de este estudio consiste, precisamente, en analizar y considerar la multiplicidad de aspectos que determinan esas actitudes diversas de los hablantes ante una lengua con la intención de sugerir planteamientos didácticos más productivos. Partiendo del presupuesto de que hay una resistencia natural hacia lo otro, y asumiendo que ese rechazo es parte del aprendizaje de idiomas, los autores de Interculturalidad y diversidad lingüística proponen la creación de actividades que lleven a las personas “a ocupar el espacio del otro, a argumentar desde ese otro, [y] a observarse a sí mismas desde esas posiciones ajenas” esperando que, en este proceso “la cultura del otro aparezca como un patrimonio propio” (106-107). En este enfoque, que definen como intercultural, multicultural o transcultural, han de priorizarse las actitudes formativo-culturales y de respeto a la diversidad, y se ha de ofrecer un marco metodológico plural y flexible en el que el profesor ideal desempeñaría un rol de mediador cultural, que no debe olvidar nunca la historia que cualquier lengua tiene con un sujeto o con una comunidad hablante. Historia en la que tienen cabida, como factores determinantes, todos los aspectos afectivos, económicos, políticos, sociales, etc. de que hemos hablado.

Aun así, los autores de este libro no son optimistas hasta la ingenuidad de creer que al fin nos están ofreciendo la fórmula mágica para aprender lenguas, pues como bien dicen “no podemos ordenar el deseo de aprender”, aunque sí insisten, a modo de conclusión, en la necesidad de crear “escenarios formativos complejos”, de modo que exista una mayor posibilidad de que ese deseo de aprender, si no existe, al menos se genere.

 

WebMaster : Almary Vilche
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ISSN 1540-286X
Última actualización: Febrero de 2004