Ensayo - La literatura del exilio:Escritores latinoamericanos en Nueva York - Eduardo Marceles - Revista Virtual De Cultura Iberoamericana - ISSN 1540-286X
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La literatura del exilio:
Escritores latinoamericanos en Nueva York

Por razones de su inmensa geografía, las motivaciones personales que caracterizan la migración, los destinos inesperados que aguardan a quienes se aventuran por tierras extrañas, o las necesidades de trabajo o familia, los escritores hispanoamericanos en Estados Unidos no se constituyen en un movimiento literario, no se integran a una generación específica ni grupo definido por intereses comunes y propósitos estéticos. Se encuentran dispersos a través del continente cada uno en el íntimo microcosmos de su inmediata comunidad y sólo en ocasiones de encuentros felices con colegas de oficio, muchas veces conjugados por el azar, se presenta la oportunidad de compartir opiniones y dialogar sobre el quehacer literario. Es por ello que la producción poética o narrativa, ensayística o dramática, en este vasto país tiene que ser necesariamente heterogénea.
La literatura del inmigrante tiene características propias que la definen e identifican en el concierto de una literatura internacional. El trauma del desarraigo estimula la memoria que evoca el pasado y exacerba la nostalgia. Entonces la ficción narrativa, así como la poesía o el teatro, se vuelven muchas veces autorreferenciales, los recuerdos de infancia, amores lejanos, sucesos históricos que han jalonado la vida, los elementos autobiográficos que yacían olvidados en el subconsciente resucitan transformados en fantasmas huidizos de la imaginación o idealizados como metáforas e imágenes impregnadas de palabras que se rescatan del olvido y se aderezan con la otra realidad de su experiencia migratoria. También encontramos los escritores que prefieren la ruptura con su pasado. En su lugar, la obra literaria manifiesta una decidida inclinación por sus vivencias inmediatas, un paisaje de introspección sicológica y la carga emocional de su itinerario de inmigrante.
De hecho, muchas de las obras de autores latinoamericanos han sido escritas en el exilio, lejos de su país de origen, ya sea en un exilio voluntario por razones económicas, inclinaciones de carácter artístico, huyendo de la violencia o el estigma social por sus preferencias personales o forzados a emigrar por convicciones políticas o persecución ideológica . A través de nuestra historia reciente, los escritores han peregrinado de país a país, a Europa desde siempre y desde mediados del siglo XX a los Estados Unidos, y a la ciudad de Nueva York en particular. Desde que el historiador y cronista el Inca Garcilaso de la Vega dejó su nativo Perú para radicarse en España en el siglo 16 donde escribió su obra maestra 'Comentarios reales' la cual traza la historia del Imperio de los Incas, los escritores han estado en constante movimiento por el mundo. José Martí, por ejemplo, escribió sus piezas literarias más memorables en una casa de Manhattan, y José Eustasio Rivera, el autor colombiano mejor conocido por su novela 'La vorágine' murió en Nueva York en 1928 mientras escribía el manuscrito de 'La mancha negra', su segunda novela sobre el negocio sucio de la explotación del petróleo en su país, al tiempo que intentaba organizar una empresa editorial para publicar libros de autores latinoamericanos.
Algunas de las más aclamadas novelas y obras poéticas de autores contemporáneos han sido escritas en el extranjero. Gabriel García Márquez escribió 'Cien años de soledad' en Ciudad de México y 'El otoño del patriarca' en Barcelona, en tanto que Miguel Angel Asturias, Julio Cortázar, Augusto Roa Bastos y Alejo Carpentier han escrito en París; Mario Benedetti en Cuba; Pablo Neruda y Octavio Paz como diplomáticos en Asia; Mario Vargas Llosa y Guillermo Cabrera Infante en Londres y Carlos Fuentes como catedrático en universidades de Estados Unidos, para sólo citar los más conocidos.
A partir de la década del 50, la corriente migratoria hacia los Estados Unidos desde todos los países de América y el Caribe se ha ido incrementando en la medida que crecen las condiciones adversas en cada uno de los países americanos. Por supuesto, la mayoría de estos inmigrantes han venido a trabajar en el área de los servicios, o como jornaleros agrarios, obreros en fábricas y construcciones, aunque un buen número adquiere una educación que les permite aspirar a posiciones más ventajosas e influyentes como pueden ser profesores universitarios, trabajadores sociales, abogados, ingenieros, profesionales tecnológicos y científicos, administradores de negocios o empresarios independientes. Sin embargo, una minoría dentro de esta masa migratoria ha escogido el difícil camino de ser artista, sea en la disciplina visual, músical, literaria, teatral, danzaria u operática, y algunos de ellos disfrutan ya del reconocimiento y admiración no sólo de la comunidad artística, sino de la población en general.
Una encuesta comisionada por el Ollantay Center for the Arts en 1989, por ejemplo, identificó alrededor de 150 autores de narrativa, poesía y teatro en el área metropolitana de Nueva York. Un análisis sistemático de esta producción literaria exigiría por supuesto un amplio espacio de conceptualización crítica que rebasa las aspiraciones de esta presentación. Sin embargo, para efectos de una comprensión mínima, hemos hecho una selección de narradores que de una u otra manera ilustran el amplio espectro de intereses que motivan a los escritores de nuestra región. Una primera pregunta que surge en el proceso de explicar este fenómeno es ¿por qué tantos escritores han escogido a Nueva York como su lugar de residencia? A diferencia de las dificultades de supervivencia que caracterizan a las capitales de Europa, Nueva York ejerce un poder hipnótico entre los artistas latinoamericanos tanto por su capacidad de absorción indiscriminada y cosmopolita, las oportunidades económicas, sus numerosas galerías y museos de arte, teatros, editoriales o salas de concierto, como por sus comunidades nacionales ya organizadas que garantizan cierta familiaridad con el entorno urbano, acceso a familiares, amigos, y su enriquecedora diversidad étnica.
A fin de entender la literatura que se produce en Nueva York es esencial distinguir entre las diferentes comunidades que coexisten en la ciudad. Si bien tenemos un continente que se extiende al sur del Río Grande con muchos elementos en común, también es verdad que existen significativas diferencias entre cada país de América Latina. La experiencia puertorriqueña, por ejemplo, es bien diferente de la cubana o dominicana. La mayoría de los inmigrantes mexicanos de hornadas recientes llegan con un bagaje que en nada se parece a los colombianos que huyen de la guerra civil que azota su país, o de los argentinos que escapan del 'corralito'. La mayoría de los escritores cubanos son exiliados políticos que dejaron su isla después de la revolución socialista de 1959, y si bien muchos decidieron permanecer en Miami, algunos tomaron el camino que les condujo a Nueva Jersey o Nueva York.
La literatura de cubanos exiliados corresponde a las diferentes generaciones que la ejercen. Están los más jóvenes que experimentan en diferentes avenidas de creatividad, y los mayores, quizás más conservadores, próximos a la rica tradición literaria que ha caracterizado a la isla. En cuanto a temas se refiere, la zozobra del exilio es un interés recurrente entre los escritores de todas las generaciones la cual se suma a la nostalgia que se filtra en la literatura de todas las comunidades de exiliados.
El patriarca de los escritores latinoamericanos en Nueva York es José Yglesias. Nacido en Tampa, Florida, descendiente de un padre gallego que emigró a La Habana, Yglesias llegó a esta ciudad en 1937 siendo un adolescente de 17 años. Mientras trabajaba en todo tipo de oficios, escribió en su tiempo libre 'Home Again', una primera novela autobiográfica que recuerda su niñez en Ybor City, el distrito hispano de Tampa, conocido por su industria tabacalera. Su novela más reciente 'Tristán and the Hispanics' (1990) es el recuento humorístico de un joven en busca de sus olvidadas raíces latinas. Según Yglesias, la asimilación a los Estados Unidos no significa abandonar nuestra herencia, sino hacer nuestro mestizaje aún más rico. Los latinos en Estados Unidos no pierden a Bolívar ni a Martí, sino que ganan a Jefferson y Lincoln.
Reinaldo Arenas nació en Cuba en 1943 y huyó a Miami en el éxodo del Mariel en 1980. Conocí a Arenas cuando coincidimos en un encuentro de escritores hispanoamericanos convocado por la Universidad Internacional de la Florida (FIU) en Miami a finales de 1988. Mi primera impresión fue que se trataba de un escritor jovial, inteligente, talentoso, si bien apasionado en sus convicciones políticas y crítico pertinaz, que arrastraba un encarnecido repudio contra la revolución cubana y, en especial, su protagonista más visible: Fidel Castro. Desde que llegó a Nueva York, Arenas vivió solo en su pequeño apartamento a escasas cuadras del sector de 'Hell's Kitchen' o La cocina del infierno, como se conocía a ese sector dilapidado de Times Square.
Se suicidó en Nueva York a raíz de las dolorosas consecuencias del SIDA el 7 de diciembre de 1990. Dejó el legado de una docena de novelas, algunos libros de poesía y su documentada biografía 'Antes que anochezca' que utilizó el director Julian Schnabel para su película 'Before Night Falls', protagonizada por el español Javier Bardem en el papel del novelista, trabajo que le mereció una nominación a los premios Oscar como mejor actor por su estupenda interpretación del personaje. Si bien la obra literaria de Arenas ha sido ampliamente traducida a los principales idiomas y publicada por un conjunto de editoriales anglosajonas, no ha corrido con igual suerte en el mundo hispanoamericano donde era --hasta la llegada de esta película-- un ilustre desconocido. Sin embargo, en época reciente su trabajo ha logrado superar el estrecho círculo académico adonde estaba confinada para penetrar un público más amplio que reconoce su valor como innovador del lenguaje y una temática fantástica que parodia o critica nuestra realidad social.
En 'Las historias prohibidas de Marta Veneranda', libro de cuentos que ganó el Premio extraordinario de literatura hispana en Estados Unidos de Casa de las Américas en 1997, la escritora cubana Sonia Rivera-Valdés utiliza el recurso de la literatura testimonial en donde una supuesta consejera escucha las intimidades escabrosas de anónimos confidentes que la autora narra con una prosa ágil e irónica. La asimilación de giros y modismos del inglés acentúan la dualidad idiomática que caracteriza a los inmigrantes con un tratamiento que, aún en los pasajes de erotismo más desbordado, revela una esmerada búsqueda de equilibrio artístico.
Uno de los más inmediatos escritores cubanos que debuta en la escena literaria de Nueva York es el periodista Fernando Velázquez Medina con su novela 'Ultima rumba en La Habana' (2002) la cual llega al final de una larga saga de novelas cubanas que describen la actual situación de pauperización moral y económica que sufre la isla. La protagonista es una joven universitaria devenida en 'jinetera', ese eufemismo con el que en Cuba se evade la palabra 'prostituta', para dejar que la cultura y la sensibilidad artística atenúen la humillante condición de la más degradada de las profesiones.
En un largo monólogo interior se van hilvanando de manera obsesiva las experiencias de sexo anónimo donde el lenguaje de la carne parece ser el único medio para comunicarse. Así, como en tantas novelas famosas --recordemos a 'Anna Karenina' de Tolstoi y 'Madame Bovary' de Flaubert--, la mujer se muestra en la literatura como la protagonista que incide y padece el pulso de la sociedad que la cobija en su seno. En un tránsito del refinamiento a la vulgaridad, por el libro desfilan los avatares de una generación completa de intelectuales cubanos en el contexto de sucesos históricos recientes.
Ser inmigrante en Nueva York ha sido, por supuesto, el tema dominante en la producción poética, narrativa y dramática de un buen número escritores. La migración implica el encuentro con una cultura diferente, un idioma muchas veces desconocido, cierta alienación social en un medio extraño y el duro trabajo de la subsistencia. En la novela 'Latin Moon en Manhattan' (1992), el escritor colombiano Jaime Manrique desarrolla un personaje cuasi autobiográfico que se desplaza entre Jackson Heights (Queens), epicentro de la comunidad colombiana, lugar de residencia de su su familia, y Manhattan donde se desempeña como intérprete.
Narrada en primera persona, la novela describe con la agilidad de secuencias cinematográficas, las aventuras de un protagonista 'gay', así como de personajes secundarios que tejen el argumento de un "success story" o historia de éxito de un antagonista con final trágico aunque con especial talento para el humor negro. Manrique había publicado antes su novela 'Colombian Gold' (1983) la cual, en un lenguaje expresionista y esperpéntico lindando incluso con el surrealismo, aludía al tráfico de drogas entre Colombia y Estados Unidos con un trasfondo de enredos amorosos y corrupción política.
La narrativa del escritor peruano Isaac Goldemberg --y en general su obra literaria, incluyendo la poesía-- se inscribe en una corriente de indagación sobre la identidad judeo-latinoamericana. Es una literatura dedicada a tratar temas alusivos a la filiación étnica y nacional que aborda cuestiones como la asimilación, la aculturación, el antisemitismo y la condición marginal del judío. También se interesa por un conjunto de asuntos relacionados con el misticismo y la mitología cultural, los significados ocultos de las palabras y la intertextualidad, entre otras exploraciones lingüísticas y conceptuales.
Su obra contribuye a esclarecer la cuestión del mestizaje, un tema que permanecía inédito en la literatura judía de América. En su primera novela 'La vida a plazos de don Jacobo Lerner' (1978) aborda por primera vez el significado de ser un inmigrante judío en América Latina desde la perspectiva del judaismo y la latinoamericanidad. Su obra es en cierto sentido autobiográfica puesto que trata el tema a partir de su experiencia personal sin recurrir a especulaciones de orden político o moral.
En 'El nombre del padre' (2002) se escucha por primera vez la voz del judío mestizo que conoce su condición, no sólo como producto de un mestizaje cultural, sino también de sangre. El argumento se desarrolla entre 1928 y 1941, y sitúa a los personajes Jacobo Lerner y León Minsky en plena Segunda Guerra Mundial cuando llegan a San Sabastián, un pueblo en algún lugar de América Latina, procedentes de una aldea rusa. Es, en el fondo, una historia de amor y la recreación del mito del Judío Errante, que ya había trabajado en su anterior novela, aunque en su versión actual presenta situaciones y personajes nuevos, muchas escenas han sido enriquecidas y tiene un desenlace diferente.
Además de Julia Alvarez en sus obras 'How the García Girls Lost Their Accents', 'In the Time of the Butterflies' acerca del sacrificio de las hermanas Mirabal en Santo Domingo, y su última novela ¡Yo!, los dominicanos tienen un galardonado escritor en Junot Díaz. Su novela 'Drown', traducida al español como 'Negocios' ha sido un éxito por la melódica elocuencia con la que el autor relata un testimonio íntimo que llega a todo aquel que se siente identificado con la experiencia migratoria. 'Drown' es una obra de diez cuentos a través del cual seguimos a Ysrael por su tránsito migratorio desde República Dominicana durante la época de Trujillo hasta un barrio de Edison, Nueva Jersey, donde el adolescente de manera ingeniosa se abre paso en su nuevo ambiente urbano cargado de hostilidad entre inmigrantes latinos y nativos anglos.
Era un niño aún cuando Ernesto Quiñonez llegó de su Ecuador natal a Nueva York, y fueron las calles del Barrio en donde encontró sentido e inspiración para crear los personajes de la historia que cuenta en su novela 'El vendedor de sueños' (2001). Es una historia de amor con un trasfondo de crítica social que se propone despertar en sus lectores un sentimiento de pertenencia a una cultura amplia y rica que --unida en sus fragmentos diversos-- sería el motor para ganar espacios económicos y políticos en la urbe. 'El vendedor de sueños' narra las tribulaciones de un personaje llamado 'Chino', un joven del Barrio, en busca de amor y reafirmación de su identidad. Su relación con 'Bodega', un bandido generoso, lo sumerge en un mundo de intrigas y violencia. En sus páginas quedan estampadas las vicisitudes de los latinos del Barrio, así como el papel que han jugado asociaciones como los 'Young Lords', las iglesias comunitarias y los temas que caracterizan a las comunidades de inmigrantes en cualquier barrio multiétnico de NY.
El escritor boliviano Edmundo Paz Soldán explora en su novela 'La materia del deseo' un tema común a todos los inmigrantes: echar raíces en Estados Unidos sin querer cortar las amarras con el país natal. La obra es una mezcla de historia política de América Latina y una 'campus novel' o novela universitaria, una sátira que critica el mundo académico anglosajón, a un tiempo sentimental y trágica. Es una novela de introspección filosófica en la cual su autor se propone delinear personajes de la generación del 60 y 70 que buscaban propuestas de cambio, utópicas algunas veces, comprometidos con la revolución social de cara a una generación más joven, conformista, escéptica e irónica. Su protagonista es Pedro, un politólogo que enseña en una universidad de Estados Unidos quien, a raíz de una crisis personal disparada por una relación sentimental con una de sus estudiantes, se interroga sobre su destino en este país.
En su última novela 'Nunca entres por Miami', el escritor hondureño Roberto Quesada nos conduce por los caminos del amor, la migración, el arte y la alienación social. Elías, el protagonista de la historia, es un joven escultor que decide venir a Estados Unidos en busca de mejores horizontes para su trabajo artístico. A través de la obra, su autor explora el mundo del arte contemporáneo desde el punto de vista de Elías y Mario, el fotógrafo panameño que lo hospeda en Nueva York. La novela está dividida en 29 capítulos que van formando un mosaico entre Estados Unidos y Tegucilpa, capital de Honduras, donde Helena, novia de Elías, y Dina, su futura suegra, esperan las coordenadas y el pasaje para ir a reunirse con él. Pero estas mujeres maquiavélicas sólo aceptan viajar si 'entran' por Miami, la ciudad de sus sueños en la que dejarían de pertener a una clase social que desprecian. Las descripciones son mucho más sicológicas que físicas, y en ellas su autor no se propone especular sobre la condición migratoria, sino hacer un retrato pintado con el humor corrosivo de quien conoce a fondo las veleidades de la pequeña burguesía de su país.
La literatura de autores puertorriqueños merece atención especial por cuanto es la comunidad pionera que desbrozó el camino para los inmigrantes latinos que llegaron más tarde. Los primeros puertorriqueños que escribieron sobre la vida en Estados Unidos eran exiliados políticos que lucharon por la independencia de España. Arribaron a Estados Unidos a finales del siglo 19 para escapar de la represión de las autoridades coloniales. Algunos de los más prominentes intelectuales y luchadores revolucionarios, tales como Eugenio María de Hostos, Ramón Emeterio Betances y Lola Rodríguez de Tió, pasaron largas temporadas en Nueva York en donde se reunían con compañeros exiliados de Cuba diseñando estrategias que les conducirían a la independencia del yugo español.
Sin embargo, el momento decisivo para la literatura puertorriqueña llegó alrededor de 1950. En las dos décadas que siguieron a la segunda Guerra Mundial la isla alcanzó una rápida industrialización bajo la 'Operation Bootstraps' la cual motivó una migración masiva de trabajadores desde la isla hacia la ciudad de Nueva York y otras ciudades de Estados Unidos. La avalancha de familias recien llegadas, en su mayoría 'jíbaros' (campesinos) o trabajadores agrarios desplazados del campo, transformó de manera drástica la fisonomía de la comunidad de inmigrantes puertorriqueños en Nueva York.
Del seno de esa masa de desarraigados y oprimidos por su condición marginal, era difícil esperar que surgieran manifestaciones artísticas, mucho menos una literatura que demanda cierta sofisticación cultural de sus practicantes. Esos trabajadores, muchos de ellos sin el conocimiento básico de inglés o español, eran prisioneros de lo que el profesor Juan Flores llama el 'síndrome del inmigrante' y el antropólogo Oscar Lewis denomina la 'cultura de la pobreza', un círculo vicioso el cual no es fácil superar. En libros tales como 'Down These Mean Streets' de Piri Thomas o 'Puerto Rican Obituary' de Pedro Pietri empezaba a despuntar una literatura puertorriqueña en inglés y decididamente contestataria.
Thomas escribe una desgarradora historia autobiográfica de vida y muerte, crimen y castigo, en el sórdido ghetto puertorriqueño. Una literatura testimonial que despertó en muchos lectores el interés por la cruda realidad de esta comunidad. Algunos autores analizan la textura social y urbana de las barriadas a través de su testimonio narrativo como en las viñetas de Pedro Juan Soto en 'Spiks', Nicholasa Mohr en 'Nilda' y Edward Rivera en 'Family Installments'. Pero se tuvo que esperar hasta la década del 70 cuando una generación de puertorriqueños nacidos aquí o llegados a Nueva York desde muy jóvenes, abrieron un mundo de posibilidades literarias con la publicación de 'Nuyorrican Poetry: An Anthology of Puerto Rican Words and Feelings' (1975), editado por los poetas Miguel Algarín y Miguel Piñero. En ese volumen encontramos por primera vez la literatura que se había estado escribiendo durante la dura lucha de los puertorriqueños en los años 60 por el reconocimiento y respeto que se merecían a través de movimientos políticos como los 'Young Lords' y organizaciones culturales que fueron instrumentales en la creación del Museo del Barrio, el Nuyorrican Poets Café, el Taller Boricua y centros de investigación y ensañanza de estudios puertorriqueños en facultades universitarias.
La creciente diversidad y sofisticación del movimiento literario puertorriqueño se evidencia cada vez más con el surgimiento de mujeres escritoras con una perspectiva feminista en libros como 'Yerba Buena' de Sandra María Esteves y en 'Ruituals of Survival' de Nicholasa Mohr, así como en la poesía y el teatro experimental de Tato Laviera, las novelas combativas de Edgardo Vega, o la voz poética de Alfredo Villanueva-Collado, para sólo citar algunos ejemplos.
Sólo ahora está emergiendo la literatura de autores latinos en Nueva York después de 50 años de gestación, y ya está produciendo asombrosas obras en las diferentes disciplinas literarias. En un futuro que se avisora cercano, de esta fértil matriz han de nacer algunos de los mejores autores hispanoamericanos, y mientras eso sucede, esto son --en su mínima expresión-- algunos de nuestros logros hasta la fecha.

Eduardo Marceles

 

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Última actualización: Octubre de 2003