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Juego De Dos
Leo tu libro. Se abren ante mí amapolas tan lánguidas, rotas de soledad, ávidas de yo,
ensimismadamente impersonales. Me acomodo en el sillón, busco el rincón mullido que
me induzca al letargo en que quiero caer por compartir tu viaje. Me miro en tu yo, busco
contactos, silencios obsesivos que me quieren hablar de tu futuro pasado. Demito.
Entierro la mirada en ese horizonte sin líneas, invado el jeroglífico en que se vuelve
forma el sentir, sentir sin tiempo, penetro en la bóveda barrenada de estrellas. Te obligas
a narrar, a conquistarme, a convertirte en cómplice de mi secreto. Me obligas a espiar, a
incursionar en tu búsqueda. Yo acudo puntualmente al encuentro: a la misma hora, en el
mismo lugar circundado de espera. Ascendiendo a demiurgo, gusto el placer de acaparar
la desnudez de tu relato que ya es mío, que ya ha empezado a hacerse sueño ajeno. Poco
a poco te invento, te voy recomponiendo a solas, a oscuras, a tientas. Me desdoblas. Me
has asestado un golpe muy duro del cual no logro restablecerme. Te leo en espirales, a
bocanadas, torpemente. Sucumbes. Intentas dialogar, seducirme, atraparme. Has
decidido envolverme en tu demencia. Pero no resulta; no duele. ¿Cómo puede doler lo
mutilado, las voces que no están, las cosas que no se han dicho? Ahora, frente a frente,
intentamos una reconciliación de pieles, o de voces, que al cabo es lo mismo. Tú y yo
sofocados en deleznable ceniza, involucrados en la tensión dominante, imbuidos en
perpetua agitación. Somos los privilegiados, los locos, los portadores de sueños
inconexos y desconcertantes, los desprestigiadores de la verdad, de esa realidad
consumible, predilecta de los estreñidos de alma. Ajenos y culpables, inconscientes del
delito onírico, cautivados por la poeticidad, cautivos del deleite con que se nos escarnece,
lirófagos hasta el final.
Laura Sabani
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