Es como un sarcófago hilado,
ataúd de terciopelo
límite algodonado.
Todo mi cuerpo enclaustrado.
Momia sutil y ligera.
extremidades encarceladas,
protuberancias marcadas.
Silencio sutil y pesado.
Eternidad envuelta,
regalo al mas alla.
Los ojos cegados
las manos atrapadas,
el tiento imposibilitado
y el aliento sin vaho,
sin cristal que lo dibuje.
Todo el yo ajeno a la vida y a la muerte.
Habra un Cristo que recuerde a este Lázaro
y rompa las lianas microscópicas
de la telaraña?
Juan Carlos Esturo
Noviembre de 2002