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Jack Kerouac lee en Nueva York en
enero de 1959

   Hay una foto de Jack Kerouac leyendo en Nueva York,
   subido en una escalera vieja en un bar del West Side,
   es 1959, enero exactamente

   Jack tiene 36 años y aún se ve hermoso, fuerte,
   lleno de vida arriba de esa escalera
   mirando a otros jóvenes aquel día de nieve,
   pero a nadie le importaba en ese tiempo el frío y el hielo
   porque la juventud
   era eterna y nadie tampoco había escrito cosas
   como los amigos de Jack,
   es decir Allen Ginsberg que tenía 33 años
    y decía sin problemas que era homosexual
   por eso el ambiente allí era como si
   estuvieran re-haciendo la historia,
   al menos en la poesía
   creían ellos

   aquel día Ginsberg escuchaba a su amigo Jack
   leer una novela que había escrito en 1951,
   o sea a los 29 años, se llamaba "En el camino",
   y cuando Ginsberg escribia Aullido, en 1956,
   tenía 31, la misma edad del Che Guevara
   cuando en enero de 1959 entraba en la Habana

   porque a esa misma hora en Cuba y ese mismo mes
   el joven argentino Ernesto Guevara bajaba con un rifle
   desde Sierra Maestra
   era la misma hora en que los poetas beats
   (según Kerouac la palabra significaba "apertura a la luz")
   leían su prosa en Manhattan,
   y también su poesía, igualmente revolucionaria,
   pero que los medios masivos norteamericanos
   los describían como "un grupo de drogadictos, alcohólicos y
   enfermos mentales", o lo peor:
   "una generación fracasada"

       ese día también el Che era retratado
   y aquella foto fue histórica
   porque aún recorre el mundo:
   venía arriba de un jeep militar (ya era comandante),
   llevaba su boina negra y una estrella
   que con el tiempo seria el símbolo de la vida nueva,

       llevaba una barba y una mirada enigmática,
   como la de Jack Kerouac o Allen Ginsberg,
   esa mirada de la que diez años después
   se enamoraría el propio Allen Ginsberg,
   pero el Che nunca lo supo,
   y cuando lo supieron las autoridades cubanas
   en 1967 (cuando estaban aun funcionando
   los Campos de Rehabilitación para maricones)
   -porque Allen escribió una elegía bastante erótica
   al cuerpo del Che-
   lo expulsaron de Cuba;
   el poeta tenia 41 años y Guevara,
   asesinado en Bolivia ese mismo año, tres menos
   que Ginsberg que escribió lo siguiente
    mirando en una fotografía el cuerpo sin vida del Che:

   "En un periódico europeo: la foto de tu rostro joven
   cuando te mataron; tus ojos abiertos de niño
   radiante femenino, con muy poca barba.
   Tumbado sonríes sereno como si
   los labios de una mujer besaran partes invisibles de
   tu cuerpo. Cadáver reposado de un muchacho
   angélico.
   Pipa en boca y lleno de esperanza, escribiste
   tu diario entre las nubes de mosquitos del Amazonas,
   dormiste en las montañas y renunciaste al Trono de
    La Habana. Tu cuello es más sexy que los viejos
   cuellos tristes de Johnson de DeGaulle de
    Kosygin o que el cuello baleado de John
    F. Kennedy."

   pero en aquel enero de 1959 todos eran tan hermosamente
   jóvenes,
   dispuestos a escribir los libros
   desde donde se construirían el hombre nuevo y la poesía nueva

   o sea 34 años era el promedio de todos ellos,

   Fidel tenía 33 cuando comenzó la Revolución
   y Jack Kerouac
   36 cuando leía páginas de lo escrito desde 1950,
   o sea cuando tenía 28 años
   escribiendo donde fuera: en un hotel barato,
   en un camión, en un tren de tercera clase,
   o en un bus de Greyhounds camino a Wisconsin
   o en una bar de pescadores en San Francisco,

   los poetas y escritores jóvenes en ese tiempo
   viajaban a dedo, en trenes de carga,
   bebían cerveza o vino barato,
   nadie pensaba leer sus versos o su prosa
   ni en Universidades ni en hoteles diez estrellas,
   igual que los guerrilleros por la Sierra Maestra
   que viajaron desde México en un balsa llamada Granma:
   eran los profetas hermosos del futuro
   ambos separados por sólo 90 millas;

   en cambio aquel enero de 1959
   yo era un niño de un pueblo lejano
   en el sur de mi país
   era verano y mientras recorríamos la plaza
   escuchábamos de una radio las consignas de los barbudos
   que bajaban de Sierra Maestra en Cuba,

   dónde está Cuba pregunté yo que apenas había salido
   de aquel pueblo,
   porque el mundo para mi era sólo unos pocos metros
   a la redonda
   tampoco había oído mucho de Manhattan
   ni siquiera conocía la nieve, ni menos las playas del Caribe,
   ni siquiera había besado a una muchacha en toda mi vida

   el único poema que había leído era el poema 15 de Neruda
   tampoco tenía idea cuan importante era o no era ser un poeta joven,
   ni mucho menos lo que significaba la palabra guerrillero
   o Sierra Maetra, o Patria o Muerte
   Venceremos

   pero todo aquello ocurrió hace tantos siglos

   ahora los huesos del Che Guevara reposan en Cuba
   (la mano que le cortaron en Bolivia parece que
   está en un frasco en un Museo de la Habana),
   pero aún siguen reproduciendo
   la imagen de aquella foto tomada en enero de 1959

   poco se reimprime El socialismo y el hombre nuevo
   del Che Guevara,
   en cambio se siguen editando las obras de Kerohuac
   y los poemas de Ginsberg nunca pasan de moda

   aunque ellos sin embargo son leídos
   con la misma nostalgia como hoy leemos los escritos del Che:

   gratis en las bibliotecas públicas
   o cómodamente sentado

   en la librería de un Mall.

Javier Campos
 

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ISSN 1540-286X
Última actualización: Octubre de 2002