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MI GÜISO
Cuentan que, en las exequias,
la adiposa hermana del muerto,
quien lo arrojara de su casa un día
cuando ya la parálisis lo había marcado,
pretextando no bregar con sus manías;
agarrada al grasiento texto sagrado,
poseída por el dios feroz de esos cristianos
que no han salido del Viejo Testamento;
cuyo gran mandamiento
es el odiar, a todo tren, a todo prójimo,
y a Cristo crucifican nuevamente
por dormir con putas y mendigos;
declaró que Satanás triunfante
había causado el deceso del difunto,
quien merecía su destino ardiente
por haber llevado la vida disoluta
--drogas, licor, mujeres y visiones--
de los bohemios poetas quincalleros.
Poco sabe la vieja malhablada
del país de los ángeles y acróbatas,
el circo, paraíso de los marginados,
donde mi Güiso le da vueltas al sujeto,
malabarea el amor y la palabra,
y hacia infinitos planetas se derrama,
ya para siempre ciudadano del aire.
4.12.01
Alfredo Villanueva
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